Taller de acuarela: El apunte (23.03.24)

por Hilario de la Moras

Artículo publicado originalmente en el nº 87 de la Revista Acuarelas. Texto de Hilario de las Moras.

Me llamaron de la Junta Directiva. Disponíamos de una sala en la Casa de la Cultura. ¿Podemos hacer una actividad? No lo pensé mucho. Tendríamos un encuentro para pintar.

Y así se proyectó. Nos reuniríamos para trabajar juntos, algo así como cuando hacemos una salida al campo. Pero sería una actividad dirigida. En eso se parecería más a una clase. El nombre que mejor se ajusta, a mi entender, es el de un taller. Ya hemos tenido otras experiencias parecidas desde los inicios de la Asociación.

Como se trata de pintar, no de ver cómo pinta un compañero, me propuse como objetivo que al menos nos lleváramos todos a casa una acuarela terminada.

El tema de el apunte se presta a trabajar rápido, sin grandes pretensiones de obra maestra. Va en contra de nuestra forma normal de hacer acuarela en donde tras un dibujo minucioso, elección de colores… y cuyo resultado tarda más de una hora en aparecer. A veces dos o tres.

Llenamos la sala. Los saludos iniciales, la toma de posesión, la colocación de los pinceles y el bote de agua… y comenzamos a trabajar.

Primera propuesta

Hacer una mancha con un solo color, sin intención de que se parezca a nada. Un manchurrón con matices, desde el blanco del papel al color intenso, controlando el agua.

Si alguien quiere meter dos, al menos que sean análogos -cercanos en la rueda del color-. Una vez seco, ese supuesto apunte lo terminará otro compañero, razón de más para no preocuparnos mucho.

Tiempo, 10 minutos. Algunos terminaron antes de los cinco.

Y los pusimos a secar, como la ropa tras la colada.

Segunda actividad

Un apunte a partir de la foto de un paisaje.

Unos ejemplos de apunte, sacados de la red y tras ellos un ejercicio por mi parte, para que se dieran cuenta de que la mayoría de los apuntes que se hacen no son obras para enmarcar. Y eso quedó meridianamente claro.

Ahora, a pintar nuevamente. Una casa cerca de un río, entre los árboles. Al fondo una montaña. En un cuarto de pliego o en el tamaño que cada cual tenga por costumbre utilizar. Aconsejamos pinceles grandes, para no detenernos en los detalles.

Tiempo, 15 minutos.

Me temo que los controladores del tiempo no fueron muy estrictos. Terminado este bosquejo con colores, se colgaron en la guita para la contemplación general. La verdad es que se trabajó mucho y bien. Ahí están los resultados.

Terminando la primera mancha

Repartimos las manchas del primer ejercicio. Ahora se trataba de hacer un apunte inventado, dando vueltas al papel hasta conseguir ver algo en donde apoyar nuestro final de obra. Ejercicio de invención, de ver lo que no hay, para que aparezca. Fue divertido. Está claro que hay mucha imaginación suelta.

Tercera y última actividad 

Por fin podemos hacer una acuarela. Propuse dos temas. Uno de paisaje otoñal, muy propicio para trabajar la mancha. Y un segundo, paisaje rural con casas aplastadas por una enorme nube. Cada cual inició su trabajo intentando terminarlo en el tiempo restante. Naturalmente sólo una minoría logró terminarla. Trabajo para casa.

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